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Extractos del último Sínodo sobre la familia


Carlos de Foucauld intuyó, quizás como pocos, el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret....                                           
 

En su boletín nº 20 de "Noticias para los amigos de la Fraternidad" los hermanos de Jesús publican unos extractos del último Sínodo sobre la familia. Se trata de palabras del Papa Francisco en la velada de oración y en su discurso de clausura y de la intervención de Hervé, el prior, en el Sínodo. 

Enlace a los extractos:

Carlos de Foucauld y la misericordia

Algunos textos de Carlos de Foucauld que hacen referencia a la misericordia.                                                                  

Meditaciones de Carlos extraídas de sus escritos espirituales
 

“Sed misericordiosos como Vuestro Padre es misericordioso” Lc 6,36 (1)

Amemos a Dios practicando de todo corazón la misericordia, porque la misericordia es infinitamente hermosa y digna de ser practicada por ella misma, como perteneciendo al Ser mismo de Dios.

Ser misericordioso es inclinar su corazón hacia los necesitados, necesitados espiritual, intelectual y materialmente… hacia los ignominiosos, los trastornados y los ignorantes, los pobres, los enfermos, los que sufren… hacia todos los desdichados.

Seamos misericordiosos y prediquemos la misericordia; enseñémosla y practiquémosla como Jesús la practicó y la enseñó…


“Sed misericordiosos como Vuestro Padre es misericordioso” Lc 6,36 (2)

Dios mío, que bueno eres por llamarnos a tal perfección: ¡sed misericordiosos como Dios es misericordioso! ¡Qué bueno eres por llamarnos a un ideal tan grande, a un deseo tan grande! ¡Qué bueno eres por desear que nos parezcamos a Ti, por poder imitarte! ¡Qué agradable mandamiento!

¡Cuánto amas a la humanidad!, Tú que nos pides firmemente ser misericordiosos con “los buenos y los malos”, declarando que Tú mismo eres misericordioso con todos ellos…

Seamos misericordiosos, inclinemos nuestro corazón hacia todas las miserias:

Las almas sufren por el pecado, la ignorancia, el error, la debilidad de miles de males… ¡Seamos misericordiosos por tantas miserias, ofrezcamos a Dios oraciones y penitencias por su curación, procuremos santificarnos para hacer el bien a estas almas por la comunión de los Santos, por nuestro testimonio! Debemos, si nuestro deber nos llama, intentar curar a estas almas con nuestras palabras y obras para sacarlas del pecado, del error y de la languidez…

Los corazones sufren de un sinfín de dolencias que vienen de sus propias miserias, dolencias que vienen del prójimo, dolencias que vienen de que desearían amar a Dios, dolencias provenientes de cosas materiales, de su cuerpo: “Lloremos con aquellos que lloran”… Intentemos consolar a todos estos pobres corazones; seamos un hermano lleno de ternura por cada corazón que sufre; consolemos a nuestros hermanos en Dios, como desearíamos ser consolados por Jesús.

Los cuerpos sufren… Seamos considerados con los pobres, los enfermos, los niños, los ancianos, los inválidos, los seres desatendidos o abandonados, los viajeros, los oprimidos y tantos otros desafortunados, socorriendo todas estas miserias en la medida de nuestras fuerzas.


“Si supieseis lo que significa, quiero misericordia y no sacrificio” Mt 12,7 (3)

Sed misericordiosos especialmente hacia aquellos cuya alma está llena de miseria, puesto que sin saberlo, son más dignos de compasión que los que sufren en su corazón o en su cuerpo.

No condenemos al pecador… dejemos el juicio a Dios: no nos toca a nosotros juzgar… Oremos por él; si su falta es evidente, no la imitemos, recordemos nuestras propias faltas y pongámonos en actitud de humildad… Y hagamos lo que podamos para llevarle hacia Dios y hagamos de él un santo, ya que ha sido creado para serlo y Jesús murió para que lo sea.


“Quiero misericordia mucho más que los sacrificios” Mt 12,7 (4)

Dios nos muestra que sitúa la misericordia, la bondad, la caridad hacia el prójimo, antes que las ofrendas que podamos hacer directamente a Dios, oraciones, austeridades, dones a la Iglesia…

Dios nos dice que lo que Le damos a través de sus miembros sufrientes, Le es un don más agradable que lo que Le damos directamente con los ejercicios de culto, la ornamentación de sus iglesias, el incienso de nuestras oraciones, la mirra de nuestras mortificaciones.

Y esto se entiende, ya que por todos estos sacrificios quemamos, en cierta manera, un incienso del que no tiene la menor necesidad, sino más bien la de ser curado y aliviado en sus miembros heridos, lastimados o enfermos.

También el sacrificio, incluso el más completo, el más perfecto, no es más que un consejo, mientras que la misericordia es un precepto. Aquellos que siguen el precepto y el consejo son perfectos y aún más perfectos puesto que cumplen completamente el precepto y el consejo; pero no deben olvidar jamás que el primer rango pertenece al precepto y que si algún cuidado debiera ponerse a la perfección de los sacrificios, se debería poner aún más para la perfección de la misericordia.


“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” Mt 5,7 (5)

Los misericordiosos son aquellos que se inclinan hacia los menesterosos… son aquellos cuyo corazón va al encuentro de las miserias del prójimo para aliviarlas. La misma medida que se hará a los otros, les será hecha: Perdonaron… se les perdonará…; dieron… les será dado; consolaron, curaron, aliviaron… se les dirá: Venid a mí los amados de mi Padre…; no condenaron, no juzgaron… no serán juzgados ni condenados.

Ser misericordioso,

es lo contrario de ser despiadado o duro…

es tener la ternura de un corazón que mira a aquellos que le son ingratos, no como enemigos sino como hermanos….

es tener la bondad de un corazón que no guarda ninguna sombra de resentimiento hacia aquellos que le hicieron daño, más bien les devuelve el bien por el mal; que es indulgente con las faltas de los otros porque conoce “el barro del que estamos hechos”…

es inclinar tierna y caritativamente su corazón hacia las miserias de los demás, hacia los pecadores para perdonar y convertir, hacia los desgraciados para consolar, hacia los ignorantes para iluminar, hacia los necesitados para dar y cuidar…

 
 “Bienaventurados los misericordiosos” Mt 5,7 (6)

Tenemos que amar a todos los seres humanos como a nosotros mismos, pero debemos inclinarnos más hacia los desdichados, hacia aquellos que el mundo olvida, desprecia, rechaza… los pobres, los últimos, los enfermos, los ignorantes… porque ellos tienen más necesidad y porque tienen menor ayuda…

De allí viene esta predilección de Dios por los desheredados del mundo, que encontramos en la Sagrada Escritura y que alcanza estas dos consecuencias asombrosas:

1 - hacerLe escoger el último lugar para nacer, vivir y morir.

2 - hacerLe decir estas sorprendentes palabras: “Cuando preparéis una comida, no invitéis a vuestros hermanos, ni parientes, ni a vuestros ricos vecinos, sino a los pobres, los ciegos, los inválidos…”

 
“Bienaventurados los misericordiosos” Mt 5,7 (7)

Seamos buenos con todo el mundo, pero tengamos esta bondad especial que se llama “misericordia”; todo y siendo buenos con todos, ocupémonos mucho más de aquellos que están necesitados: necesidades en el alma a causa de los pecados, necesidades en el corazón para los desdichados, necesidades en el corazón y en el cuerpo para los pobres y los enfermos, todas las necesidades de los niños y los ancianos ya que ellos suelen reunir de habitualmente, todo tipo de necesidades.

Tengamos sobre todo pensamientos, oraciones, cuidados para los desdichados, ya que ellos están faltos, los otros no les falta nada: los pobres tienen necesidad, los otros no tienen necesidad… Amemos a los justos, pero ocupémonos sobre todo de los pobres y enfermos.

Que nuestro corazón se incline hacia los que sufren a causa de la miseria, por dondequiera que se encuentren… Seamos consoladores de toda aflicción, seamos padres, madres, hermanos, amigos de aquellos que no tienen ni padre, ni madre, ni hermano, ni amigo…

Cuidemos, consolemos a cuantos nadie cuida ni consuela… Es a Jesús a quien se lo hacemos, sí, al mismo Jesús. Todos somos miembros de Jesús: es necesario rodear de honor y de amor todos sus miembros y de un honor y un amor incomparables, pero lo de aplicar nuestros cuidados, es evidente que hay que ir primeramente hacia sus miembros sufrientes.

Solamente cuando los desdichados estén todos curados, podremos perfumar a los demás. Desear perfumar los miembros que no sufren antes de curar los miembros sufrientes, no se trataría de caridad sino de insensatez. Es lo que se hace cuando se gasta el dinero y los cuidados para los ricos, cuyos cuerpos y almas podrían pasar de ellos, en lugar de gastarlo para la conversión de las almas, la consolación y el alivio de los desdichados, de los pobres, de todos aquellos que tienen una gran necesidad.

 
Dos Cartas de Carlos nos hacen presentir como vivía la misericordia

Henri Duveyrier (amigo de Carlos desde la exploración de Marruecos)

La amistad entre Foucauld (explorador de Marruecos) y Duveyrier (geógrafo, amigo de los Touaregs) está sometida a una dura prueba: Carlos entra en la Trapa (enero 1980) y Henri se suicida (abril 1892).

Ya supe el triste final de nuestro pobre amigo M. Duveyrier. En mi familia era conocida la entrañable relación que me unía a él y me he enterado de este triste acontecimiento tal como lo han contado los periódicos. Me consoláis diciéndome cuán poca conciencia tenía de sus acciones en los últimos tiempos de su vida; espero que Dios en su infinita bondad le haya hecho misericordia: como decís, ¡era de carácter muy recto, de alma muy elevada, de corazón muy delicado! Tan pronto como supe de esta desgracia, mi Superior celebró la misa para esta querida alma y desde entonces rezo cada día, lo mejor que puedo, por nuestro pobre amigo. ¡Lejos de mí juzgar severamente a aquél que tan tiernamente amé! No tengo ningún derecho. “No juzguéis para no ser juzgados” dijo Nuestro Señor Jesucristo y mil veces nos ha encomendado que nos ocupemos de la viga que está en nuestro ojo y no de la paja que está en el ojo de los demás. Amar y orar, he ahí nuestro deber y no juzgar. (8)

Marie Croix (una anciana ciega acogida por Carlos en Beni Abbès)

Desde el día de Navidad me siento obligado a tener una pobre mujer en la fraternidad. Estos últimos días me ha declarado que quería hacerse cristiana. La he llamado María a esta primera catecúmena de Beni Abbès. Ayer, por primera vez, estuvo en la capilla. María es una anciana ciega y extranjera. Llegó aquí hace 8 años y la ayudé a vivir en una casa del pueblo. La echaron y vino hacia mí el día de Navidad, sin techo. Este día, como ningún otro, no podía dejarla tirada; la instalé en el cuarto de huéspedes y ella vive allí. Es una buena mujer, de la cual todos dan testimonio. (9)

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1 Meditaciones sobre los textos de los Santos Evangelios relativos a quince virtudes (Caridad – M/197): publicadas en Nouvelle Cité, A los más pequeños de mis hermanos p. 184.

2 Meditaciones sobre los Evangelios (M/300): publicadas en Nouvelle Cité, La bondad de Dios p. 265

3 Extractos de los Santos Evangelios: publicados en Nouvelle Cité, Petits Frères de Jésus p. 69

4 Meditaciones sobre los textos de los Santos Evangelios relativos a quince virtudes (Caridad - M/54): publicadas en Nouvelle Cité, A los más pequeños de mis hermanos p. 61.

5 Lectura del Santo Evangelio – San Mateo (Mt 5,7): publicado en Nouvelle Cité, Comentario de S. Mateo p. 235.

6 Extractos de los Santos Evangelios :publicados en Nouvelle Cité, Petits Frères de Jesús p. 48

7 Meditaciones sobre los textos de los Santos Evangelios relativos a quince virtudes (Caridad - M/12): publicadas en Nouvelle Cité, A los más pequeños de mis hermanos p. 28.

8 Carta a Maunoir, Trapa de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, el 30 de enero de 1893: Archivos de la Postulación

9 Carta a Marie de Bondy, de Beni Abbès el 19 de enero de 1903: Archivos de la Postulación 

Aportación de Hervé Janson al Sínodo de la Familia

Por  una gracia muy especial  me encuentro como único hermano miembro de pleno derecho en el  Sínodo...                              


Quisiera en primer lugar compartir algo muy especial de mi situación en medio de vosotros, obispos del mundo entero, yo que soy un simple hermano, moderador de una Congregación religiosa, ciertamente internacional pero muy modesta, con menos de 200 hermanos: los hermanitos de Jesús que fuimos fundados tras los pasos del beato Carlos de Foucauld. 
 

Mis Hermanos de la Unión de Superiores Generales me dijeron que me habían votado, puesto que por nuestra vocación de seguimiento a Jesús de Nazaret, vivimos en medio de la gente, en los barrios, codo a codo con familias sencillas que a menudo luchan como pueden, para vivir y cuidar a sus hijos. En efecto, somos testigos de muchas familias que son para mí modelos de santidad: ¡son ellas las que nos acogerán en el Reino!... Y a veces sufro por lo que nuestra Madre Iglesia puede cargar sobre sus espaldas, cuando nosotros seriamos incapaces de llevarlo como dijo Jesús a los fariseos… Ya que hay muchas mujeres y hombres que sufren al sentirse rechazados por sus pastores…


Por una gracia muy especial que me conmueve, de la cual debo agradeceros, me encuentro como único hermano, miembro de pleno derecho en este Sínodo de obispos, teniendo que reflexionar sobre las situaciones y la misión de las familias… No obstante no podemos ignorar que las familias son la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. Pero ¿qué valor damos a su reflexión?...


Hay un proverbio oriental que dice: “Antes de juzgar a nadie, ¡cálzate sus sandalias!”… Paradoja del asunto: ¡la mayoría somos solteros! Pero ¿sabremos al menos escucharlos, oir sus sufrimientos, sus propuestas, sus anhelos de ser reconocidos y cercanos?...


Pienso en las mujeres africanas cristianas, esposas de un marido musulmán polígamo que conocí en Camerún donde he vivido: estas mujeres se sentían excluidas de la Iglesia, sin acompañamiento, muy solas…


Pienso, entre muchas otras, en una familia amiga belga en la que una de sus hijas les anunció su orientación homosexual, se puso a vivir con otra chica y decidió tener un hijo mediante “fecundación artificial”; entonces surge la cuestión de saber cómo reaccionar como padres cristianos: ¡qué tesoro de delicadeza, de ternura, de cercanía le prodigaron!...


La Iglesia es también familia y debería tener las mismas actitudes hacia estos hombres y mujeres a menudo desamparados, con la duda y las tinieblas, sintiéndose excluidos: ¿qué cercanía? ¿Qué forma de acompañarlos?...


¿Cómo actuó Jesús y que haría en nuestro lugar?... como se preguntaba Carlos de Foucauld.


Estuvo lleno de compasión frente a las multitudes desamparadas… Dio esperanza a esta samaritana hablando con ella, esta extranjera herética a ojos de los judíos la cual tenía cinco maridos. “Si conocieras el don de Dios…”


Hay muchos hombres y mujeres -sin hablar de los niños que son siempre las primeras víctimas- que tienen necesidad de ternura y de amor, necesidad de que se les abra la puerta: aunque estén divorciados casados, homosexuales, esposas de familias polígamas…, son hermanos y hermanas de Jesús, así pues son nuestra familia. Todos pecadores, estamos invitados a amarnos los unos a los otros y a dejarnos confortar y curar por Jesús que vino no para los sanos sino para los enfermos… La Eucaristía es el alimento de aquellos que están en camino para formar el Cuerpo de Cristo…


¡La Misericordia de Dios es para todos! Jesús no vino para juzgar sino para salvar lo que estaba perdido… Sin embargo dio a los apóstoles y a sus sucesores una gran responsabilidad a la luz de su misericordia: ¡la de atar o desatar! Estemos unidos firmemente a Jesús y dejémonos desatar por el Espíritu que nos libera y nos vincula juntos a la Vida…


Nuestra “Casa común” como dice nuestro papa Francisco, la queremos y conjuntamente tenemos que repararla y cuidarla, ya que todos somos responsables de la belleza de cada uno de sus aposentos: cultivemos flores, la benevolencia y la misericordia, afín de que cada una y cada uno se sientan gozosos de la libertad de los hijos del mismo Padre que nos ama, testigos de la alegría del Evangelio…


Cuando los fariseos critican a los discípulos por arrancar las espigas de trigo para comer un sábado, Jesús considera primero a la persona humana que tiene hambre, antes que a cualquier desobediencia a la Ley (Cf. Mt. 12,1-8). En este Sínodo, tenemos que mirar con compasión aquella y aquél que tiene hambre de misericordia, de cercanía y de reconocimiento, hambre de Jesús que nos revela, nos alimenta y nos da la Vida… ¿Seremos los discípulos de Aquel “que no quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante”? (Cf. Mt. 12,20)…


Si la Iglesia es la familia de las familias, ¿a qué revolución de cercanía, de ternura y de misericordia está invitada y esperada?...

Video de la toma del hábito en Montmartre (1933)



París
Basílica del Sagrado Corazón

Para continuar la obra iniciada por  Carlos de Foucauld en el Sahara, cinco sacerdotes tomaron el hábito blanco en presencia del Cardenal Verdier.

Es la primera vez que se graba una ceremonia religiosa en una Iglesia.

En este acto de la toma de habitos empiezan su andadura los Hermanos de Jesús.

Carta a Carlos de Foucauld


Marc Hayet, Prior de los Hermanos de Jesús - 22.12.2005
(Artículo para el boletín del Servicio Diocesano de Vocaciones DAX)
   
Amado Carlos, hermano mío,
Me hubiera gustado verte la cara el 13 de noviembre, cuando desenrollaban tu retrato gigante en San Pedro de Roma. Me pregunto si te ha gustado mucho. Por tanto, quisiera explicarte por qué era importante para nosotros hacer esta fiesta y por qué tu vida nos emociona.
A decir verdad, empezaste mal, tu vida. Huérfano muy joven, exilado de la guerra, son heridas afectivas que marcan y que hubiesen podido destrozarte. De hecho casi te pierdes. “A los 17 años, yo estaba como loco”, escribiste. Tenías dinero y lo aprovechaste, pero eso no te llenaba; por el contrario, sentías “un vacío doloroso, una tristeza, un asco, un aburrimiento infinito”, esas son tus palabras. Lo que yo encuentro maravilloso, es que esta parte herida de ti mismo, esta sed de ser amado y de amar, se va a convertir en el resorte de tu vida. No es por nada que “hermano” es una de tus palabras preferidas, una palabra de relación y de apertura al otro. Nunca lo has sabido, pero cuando tu “acompañante”, el abate Huvelin, te presentó al padre abad de un monasterio adonde te envió a hacer un retiro, él le escribió: “Este hombre hace de la religión un amor”. Eso me da esperanza frente a situaciones dolorosas.
Fuiste muy fiel a tu familia y a tus amigos, afectuoso y cercano. Ellos han conservado tus cartas ¡miles de ellas! Pero hay una cosa que me emociona mucho: Jesús era para ti un amigo real, tan vivo y cercano como los otros. Por supuesto, fuiste monje durante años y luego ermitaño. Pero seguidamente, en el Sahara, cuando escribes que: “desde las 4.30 de la mañana a las 8.30 de la tarde, [tú] no paras de hablar y de ver a gente: esclavos, pobres, enfermos, soldados, viajeros, curiosos” ¿cómo hacías para mantener el corazón despierto a Jesús vivo? Nos has dado tu secreto: “Volvamos al Evangelio, decías, “Hay que tratar de impregnaros del espíritu de Jesús leyendo y releyendo, meditando y volviendo a meditar continuamente sus palabras y sus ejemplos que ellos hagan como la gota de agua que cae y vuelve a caer sobre una piedra siempre en el mismo lugar...” Por muy ocupadas que estén nuestras vidas, hay un espacio para la amistad con Jesús. Y frecuentar a Jesús, esto no nos pone en una pequeña nube, esto puede terminar por hacernos tan humanos como tú lo has sido, humanos a la manera de Jesús.
Esta es una de las cosas que nos has enseñado. Ser “humanos”, es a veces la única manera de romper barreras y de hablar de Dios. Al final de tu vida, has ido solo en medio de un pueblo desconocido, y la única cosa que has hecho, es acercarte de ellos respetando y valorando su cultura, dejándote acoger por ellos y creer que Dios trabaja, incluso si hacen falta “siglos” como decías. Cuando moriste Moussa, el jefe tuareg, escribió a tu hermana estas simples palabras: “Carlos el marabú no ha muerto solo para ustedes, él ha muerto también para todos nosotros. ¡Que Dios le dé la misericordia, y que nos encontremos con él en el paraíso!” Hoy día, sabes, se habla mucho de comunicación, pero cada cual se encierra en su pequeño círculo porque la diferencia nos da miedo. Tú, al contrario, tu pasión era ir hacia aquél que está más lejos y lo has vivido hasta el final. ¡Qué aliento nos das!
En el fondo, sé qué cara tenías el 13 de noviembre: ¡una cara de bienaventurado! La que tienes en la foto que te adjunto. Está un poco borrosa, pero se ve bien tu sonrisa y caminas hacia el otro, yendo hacia el encuentro. ¡Ese eres tú! Y eso es lo que nos gusta de ti.
Permíteme que termine mi carta como tú terminabas las tuyas a tu amigo Gabriel: “Te abrazo de todo corazón, tal como te amo.”

Marc, tu hermanito.