Hasta siempre, hermanito Juan

Artículo publicado por Alejandro González el día 1 de febrero de 2017 en La Opinión de Málaga.            
  Juan Blanquet du Chayla empezó a llevar libros a los pacientes del Civil y hacía de traductor con los inmigrantes.

«El secreto de la vida está en compartir, pero no de cualquier manera». Así terminaba el reportaje que tuve la oportunidad de hacer sobre el hermanito Juan, con motivo de la concesión del premio que la Delegación de Salud le otorgó en febrero de 2004.

«Si hay alguien que se merece un reconocimiento de este tipo ése es el hermanito Juan», me confesaba con admiración el entonces delegado de Salud, José Luis Marcos, con quien compartió más de una vivencia en el Hospital Civil y a través del entonces ilegal sindicato de Comisiones Obreras, en los años de la transición.

Porque el hermanito Juan era ante todo una persona comprometida. Juan Blanquet du Chayla nació en París el 1 de marzo de 1924, en el seno de una familia de la alta burguesía.

Hijo de un capitán militar de navío, cruzó a pie los Pirineos junto a 12.000 personas, huyendo de los nazis. En 1943 llegó a Málaga donde fue hacinado en la plaza de toros, junto a otros refugiados, con destino al norte de África, donde los norteramericanos estaban preparado un ejército que desembarcaría en el sur de Francia.

Siguiendo la tradición familiar, ingresó en una escuela de oficiales en el norte de África, pero no pudo participar en el desembarco. Defraudado, se alistó como voluntario para participar en la guerra de Indochina, donde luchó desde septiembre de 1946 hasta finales del 47, en que fue herido. Durante el viaje de vuelta en barco, no dejó de preguntarse por las razones que mueven al ser humano para tanta destrucción.

De vuelta a casa, descubrió una comunidad religiosa en la que había que trabajar para vivir y tras un año de noviciado en El Aaiún (Sáhara) juró los votos de pobreza, obediencia y castidad en la Congregación de los Hermanitos de Jesús del Padre Foucauld.

Recibió el encargo de formar grupos de tres o cuatro personas dispuestos a trabajar y vivir con los más pobres. Y en el 59 decidió venir a Málaga, atraído por el entonces obispo Ángel Herrera Oria y la presencia de las Hermanitas de Jesús del Padre Foucauld en las chabolas de la playa de San Andrés.

Durante dos años trabajó de albañil y vivió con una familia gitana de nueve miembros en los corralones detrás del cine Andalucía. Trabajó dos años en la recogida de basuras del Ayuntamiento de Málaga hasta que en 1967 ingresó de celador en el Hospital Civil. Allí dejó una huella indeleble entre quienes le conocieron.

En 1973 se ordenó sacerdote y al morir Franco se unió junto a varios trabajadores del Hospital Civil en la lucha obrera.

«Siempre estaba al servicio de los demás. Era una persona entregada, buena y muy querida», recuerda emocionada Teresa García Ballesteros, responsable de la biblioteca del Hospital Clínico.

Y es que el hermanito Juan fue quien comenzó a llevar libros a los pacientes ingresados en el Hospital Civil. Incluso después de su jubilación, en 1987, siguió colaborando en el hospital con la asociación Málaga Acoge haciendo de traductor con quienes no conocían el idioma.

En noviembre de 2002 ingresó en la residencia de las Hermanitas de los Pobres, donde tuve la ocasión de charlar con él. La memoria de aquellos años me trae recuerdos de una persona tranquila, comprometida, llena de vida y sobre todo ligera de equipaje.

«Terminar mi vida aquí me parece consecuente. He querido vivir la vida de los obreros y ahora comparto la de la tercera edad», decía sereno. Descanse en paz. 
Enlace al artículo original:
http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2017/02/02/hermanito-juan/906927.html

Celebrando la Pascua del hermanito Juan

Semblanza de la vida de Juan Blanquet, hermano de Jesús, por Josemari en la celebración de su funeral.            

Querido Juan, hermano, hermanito: 

Ya ves… Estamos reunidos en torno tuyo para celebrar tu PASCUA DEFINITIVA; celebrar el ENCUENTRO PLENO CON EL PADRE, cuyo rostro y su presencia en medio de la vida de la gente sencilla y humilde, buscaste con pasión y fidelidad. 

Tú estás de fiesta y nosotros, contigo, también. 
  
 
Ya ves… La variedad de gentes que nos hemos reunido para dar gracias al Padre por tu vida. Sí, tus compañeros y compañeras de la Residencia (con los que compartiste tus últimos días); el personal que ha cuidado de todos vosotros; las Hermanitas y una enorme variedad de amigos, compañeros de trabajo, de luchas sindicales, de hermanos y hermanas con los que pudiste hacer un trecho de camino juntos. Un grupo de AMIGOS, porque, quizás, si algo quisiste vivir fue precisamente la hermosura y el tesoro de la amistad. Si algo se pudiera decir de ti es que fuiste AMIGO FIEL. De aquellos que encontraste en tus primeros tiempos en Málaga en la Plaza de Santa María (la familia que te acogió y que hoy están presentes); compañeros de la obra; vecinos de la Estación del Perro; de los compañeros de trabajo del Hospital Civil, soñadores como tú de conseguir unas condiciones dignas para los pacientes y los trabajadores; amigos de la Frater, de la Familia Espiritual del Hno. Carlos de Foucauld…. 

Una hermosa red, tejida con finos hilos de amistad y cariño, de fidelidad y constancia… 

¿Sabes Juan, hermano? me dicen de presentar una breve semblanza de tu vida entre nosotros. ¡Cómo si fuera posible resumirla en una líneas escritas apresuradamente! ¿Cómo poder narrar lo hondo de una vida, tejida en el calor del misterio del corazón de Dios? 

Que naciste un 1 de marzo de 1924, en París, en el seno de una familia de cierto abolengo y tradición militar; que muy pronto, demasiado pronto, vuestra madre (tuya y de Paul y Gabrielle) os dejó, dejando un hueco que dejó huella. 

Que viviste en primera persona el drama de la 2ª Guerra Mundial, y que con 19 años, iniciaste un primer éxodo que te hizo atravesar España, con la intención de unirte en el norte de África al Ejército Francés de Liberación y en esos avatares, llegaste, con otros muchos, en Diciembre de 1943 a Málaga. Recluidos en la Plaza de Toros y a la espera de atravesar el estrecho. ¿Premonitorio? 

Que no pudiendo participar en el desembarco que liberaría Francia; formado como militar, te presentaste voluntario para ir a la guerra de Indochina (Julio 1946-Diciembre 1947); herido eres repatriado… Un segundo éxodo, éste no solo geográfico, sino espiritual. El largo viaje de regreso en barco, te permitió buscar en lo hondo de tu corazón las razones del sufrimiento que provocan todas las guerras; la muerte de tus camaradas y amigos; la muerte y destrucción de los hasta ahora tenidos como enemigos. 

De esta experiencia surge tu deseo de volver tu corazón hacia Dios, Padre de todos, sentido último de nuestras vidas, propuesta de fraternidad universal. 

Descubriste los Hermanos de Jesús que comenzaban su caminar y te sedujo la invitación de Jesús a vivir su vida de Nazaret. Buscar su rostro en medio de la vida ordinaria de las gentes sencillas; en el barrio, en el trabajo, en la amistad; y en los ratos personales y silenciosos dejándose mirar por Jesús de manera que fuera moldeando nuestra mirada, nuestro corazón… Y otro éxodo a vivir, en 1948 entras en los Hermanos de Jesús: El Abiodh en Argelia, Lyon, Chile, estudios de teología hasta que en 1955 pronuncias tus votos perpetuos. 

En 1959 te vemos llegar a Málaga… joven, alto, guapo, ojos azules… expectación ante este joven religioso que pasa horas en oración en la Iglesia de Santiago y comparte vida y trabajo con la gente… Fuiste acogido con cariño por la Iglesia de Málaga. Quizás buscabas el último lugar y el anonimato de la vida de Nazaret, pero puedo asegurarte, que a tu pesar, enseguida hiciste parte del paisaje malagueño. 

¿Cómo no mencionar tu ordenación sacerdotal celebrada en 1973? Los que compartimos la vida contigo, somos testigos de la importancia de este momento en tu vida. Te marcó profundamente, te abrió a un acompañamiento y a una presencia a comunidades con las que compartías eucaristías (religiosas, laicas, fraternidad secular); a acompañar a la Frater: animando y celebrando con ellos la fe, disponible a quien te buscaba para acoger confidencias, anhelos, para rezar juntos. 

Viviste una buena e intensa vida laboral: Algunos años trabajando en la obra; en la dura recogida de basura de aquella época y, por fin, en 1967 entras como celador en el Hospital Civil donde permanecerías hasta tu jubilación en 1987. 

Cuántas historia podrían contar muchos de los aquí presentes… Movimiento Obrero, sindicato, CCOO… momentos de lucha y momentos de fiesta… 

Una vez jubilado, no abandonaste el mundo hospitalario: voluntario en el servicio de Biblioteca del Clínico, paseando con tu carrito lleno de libros por los pasillos y habitaciones del hospital; la visita en nombre de Málaga Acoge, de extranjeros ingresados que no conocían bien el castellano, atento a servir de cauce de comunicación con los médicos, a prestar pequeños y múltiples servicios, el hospital Carlos Haya conoció tus desvelos… 

Bueno y en noviembre del 2002, un nuevo éxodo… dejas la fraternidad y te vienes a vivir a la Residencia de las Hermanitas de los Pobres. Una nueva etapa, un nuevo viaje… el último. 14 años y dos meses… tiempo de abandono, de ir clavando en la Cruz de Jesús autonomía personal, deseos y salud… Tiempo para ir abandonándose, para ir vaciándose, para ir preparándose a escuchar la última llamada… la de la confianza y el abandono, la del éxodo definitivo; la llamada de tu Bien Amado Hermano y Señor Jesús que te llama por tu nombre… 

Y tu Amén definitivo, pronunciado para siempre la madrugada del 30 de Enero. 

 Málaga 31 de enero de 2017