Miguel falleció el 9 de marzo de 2021 en la residencia de las Hermanitas de los Pobres de Málaga.
Bueno Miguel, hermano. Aquí estamos. Me imagino que viéndonos has torcido un poco la boca, has abierto grandes los ojos (como solías hacerlo) y con un gesto has preguntado ¿qué hacen estos aquí? Y esa sonrisa un poco burlona se ha dibujado en tu cara.
Pues sí, aquí estamos solamente para decirte que te queremos, que agradecemos al Padre la ocasión de haber podido compartir uno u otro momento contigo de nuestras vidas y celebrar, también contigo, el abrazo de acogida que este Dios Padre/Madre te ofrece después de tantos años gastados/ganados en SU búsqueda.
Te has ido de forma abrupta. Es verdad que estos tiempo duros de pandemia habían hecho mella en tu físico e ibas disminuyendo despacito; pero todavía el lunes paseabas con Paco por el jardín de la casa de las Hermanitas de los Pobres y nada hacía presagiar un desenlace tan rápido ¡vamos, que ni tiempo para acabar de desayunar!
Te has ido sin ruido, como te escapabas de los grandes encuentros, de las reuniones tumultuosas…y buscabas el encuentro personal, el cara a cara donde te sentías más cómodo porque escuchabas mejor y podías explicarte, con más confianza, en ese castellano rebelde que nunca conseguiste dominar.
Todos te hemos conocido y sabemos de tu carácter un poco arisco, ese humor desconcertante que nos dejaba perplejos… tu enorme timidez.
Pero ¿sabes? Siendo cierto, no es nada. Si algo nos llama la atención de ti es tu profunda generosidad, tu enorme humildad y disponibilidad. Un antiguo Prior nuestro me decía de ti: “Tiene un corazón tan grande que a veces confunde sus deseos con la realidad”. Creo que es verdad. Eso ha caracterizado tu vida: Nada a medias. Impresionado por la realidad de los inmigrantes andaluces que iban apara Alemania: pues tú ibas con ellos; trabajar de taxista sevillano, compartiendo taxi con otros: pues tú ocupándote de la noche; ¿un hermano solo?: allí estabas tú disponible; un migrante encontrado en la calle: a él le entregabas tus horas, tu cartera abierta y a veces con desmesura… Sevilla Acoge, Málaga Acoge… tu gente de la comunidad de Sevilla, amigos fieles y para siempre.
Pero quizás, tampoco eso era lo importante…
¿Cuás es tu secreto, Miguel? Quizás esa fe que te hacía preguntarte, buscar, no siempre de forma muy ortodoxa pero sí valiente y honesta. Quizás ese libro manoseado una y mil veces de San Juan de la Cruz leído y releído; quizás esos momentos largos de oración, desde la ermita de tu sordera, y fijos los ojos en Jesús.
Qué misterio y ¡qué suerte! Poder haber entrevisto esa historia de amor, tejida en el silencio y en lo cotidiano, entre Jesús y tú, tú y Jesús… ¡Ese es tu secreto! Este ha sido tu regalo.
Perdida la memoria (inmediata al menos); si queríamos saber un poco cómo estabas viviendo el momento, había que remontar a tu primera experiencia en la Fraternidad. Recién entrado y enviado a Roubaix (ciudad industrial del norte de Francia) a una fraternidad obrera; tú hijo de familia burguesa, descubres la presencia de Jesús encarnado en la vida de un corralón triste y pobre… fue el “pozo” al que volvías una y otra vez a sacar agua de vida. Ese encuentro de primer enamorado que ya no se olvida y deja marca en el corazón. Ojalá nos ayudes, a cada uno de nosotros, a guardar siempre con mirada de enamorados ese encuentro personal, hondo con Jesús que nos hizo sentirnos queridos, acogidos, puestos en pie y enviados.
Y una última cosa, porque vas a pensar que soy un pesado. Leía hace poco que las historias de nuestros mayores, reflejan cada una “mapas para ir al cielo”. No todos los caminos son fáciles. Los hay tortuosos, imprevisibles, sufrientes, gozosos, agradecidos… El tuyo (como buen taxista) quizás haya sido como un cruce de caminos de todos ellos. Pero una vez despojado y vaciado, y más allá, de ciertas reacciones hurañas de los últimos tiempos… el tuyo ha sido, es… un camino agradecido.
Estos últimos tiempos, cuando te preguntábamos ¿cómo estás? Respondías: “estoy muy bien, bien cuidado, como bien, duermo bien, no me duele nada. Echo en falta la Fraternidad y el barrio, pero me doy cuenta que hubiera sido imposible quedarme allí. Os hubiera condicionado vuestra vida, no os hubiera dejado vivir lo que tenéis que vivir como hermanos”
Ya sabes Miguel. Ahora que estás plenamente en la Fraternidad, cuida de nosotros (de todos) y ayúdanos a vivir lo que tenemos que vivir,
Un beso muy fuerte. Te queremos.
Josemari
Málaga 10 de marzo de 2021
